Preocúpate más por tu carácter que por tu reputación, porque tu carácter es lo que realmente eres, mientras que tu reputación es simplemente lo que los demás creen que eres.
– John Wooden
Todos tenemos una imagen de quiénes queremos ser o de cómo queremos ser vistos por otros.
En una escena de Juego de Tronos, mientras Tywin y Jamie Lanister (padre e hijo) están discutiendo, Jamie dice «¡No me importa lo que otros piensen de mí!», a lo que su padre le responde «Y eso es precisamente lo que quieres que piensen.»
Esta imagen personal no es necesariamente consciente, pero influye en cómo pensamos y las decisiones que tomamos; y está íntimamente ligada al orgullo y a la vergüenza.
Veamos un ejemplo en la Biblia:
Lucas 22:31-34 (N.T.Viviente). »Simón, Simón, Satanás ha pedido zarandear a cada uno de ustedes como si fueran trigo; pero yo he rogado en oración por ti, Simón, para que tu fe no falle, de modo que cuando te arrepientas y vuelvas a mí fortalezcas a tus hermanos». Pedro dijo: Señor, estoy dispuesto a ir a prisión contigo y aun a morir contigo. Jesús le respondió: Pedro, déjame decirte algo. Mañana por la mañana, antes de que cante el gallo, negarás tres veces que me conoces.
La triple negación de Pedro es una de las historias más conocidas de la Biblia. Pero antes de que sucediera, Jesús le advirtió a Pedro porque quería que él estuviera preparado. Pero Pedro se niega a reconocer su propia debilidad, en lugar de eso le asegura a Jesús que él lo acompañará hasta a muerte.
Cuando llega el momento de la verdad, Pedro no solo niega a Jesús una vez; sino tres veces. Cuando el gallo canta, Pedro recuerda las palabras de Jesús, cruza miradas con él y sale del patio de la casa del sumo sacerdote llorando amargamente. Esa imagen que había pasado tanto tiempo esculpiendo se ha roto.
Lo más revelador es que Jesús ya sabía lo que iba a pasar, quien no sabía era Pedro. El Señor ya conocía a Pedro perfectamente, pero Pedro no se conocía realmente a sí mismo. Quizás quería dar una imagen de fortaleza ante los demás discípulos. El problema fue que por procurar “cuidar” su imagen, falló en escuchar las palabras de Jesús y estar preparado para el momento de la batalla espiritual.
Dios puede usar lo vergonzoso para formarnos a su imagen. Veamos una vez más las palabras de Jesús:
Lucas 22:31-32 (N.T.Viviente). »Simón, Simón, Satanás ha pedido zarandear a cada uno de ustedes como si fueran trigo; pero yo he rogado en oración por ti, Simón, para que tu fe no falle, de modo que cuando te arrepientas y vuelvas a mí fortalezcas a tus hermanos».
Jesús sabía que Pedro iba a fallar, y aún en su caída Jesús estaba orando para que su fe no fallara; es decir, para que volviera a levantarse y volver en arrepentimiento. A diferencia de Judas, quien en lugar de arrepentirse se quitó la vida después de traicionar a Jesús; Pedro vuelve a su maestro.
Algo más hermoso en cuanto al propósito de Jesús, es que aún después de su caída, Dios tenía planeado que Pedro se convirtiera en el instrumento de fortaleza para sus hermanos. Antes, Pedro quería proyectar una imagen de fortaleza, sin tenerla; pero ahora, Dios utilizaría su caída y su vergüenza, para transformarlo.
Es necesario que nuestra imagen se rompa, para que la verdadera transformación de Dios pueda ocurrir. Porque los arquitectos de “nuestra imagen” somos nosotros, pero el arquitecto de nuestra verdadera transformación y santificación es Cristo. Él es la imagen a la que debemos ser formados.
Jesús murió de la manera más vergonzosa, desnudo, colgado en una cruz, exhibido ante el público, escupido, golpeado, burlado, dando una imagen de que todo su ministerio había fallado; incluso sus discípulos lo abandonaron al final. Y en su vergüenza Dios cumplió el más hermoso plan de salvación.
¿Hay algo que Dios quiere hacer en ti, pero te da vergüenza o temor que tu imagen se destruya? ¿Cómo puedes saber cuando el orgullo te está estorbando para dar tu siguiente paso en tu caminar con Dios?
Jesús ya cargó nuestra mayor vergüenza, la consecuencia de nuestro pecado. Esa clase de vergüenza Dios quiere ayudarte a eliminarla.
Pero eso no significa que no vayamos a pasar nosotros por eventos vergonzosos (cosas que nos lleven a dejar de lado nuestro orgullo) por causa de su transformación en nosotros y el avance de su reino. Pero Dios nunca va a llevarte a enfrentar vergüenza para destruirte, sino para transformarte y usarte.
Deja un comentario