3. Encontrando propósito – Ante la ocupación excesiva

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Cuidado con la esterilidad de una vida ajetreada.

– Sócrates

Recientemente un influencer se hizo viral por su rutina matutina. Este hombre afroamericano se levanta a las 3:53 de la mañana (una hora super random), hace ejercicio, sumerge su cara en agua Saratoga con hielo, se come un plátano, se frota la cara con la hoja del plátano, escribe en su diario, va a la piscina, hace cardio, desayuna, tiene una videoconferencia, etc. Su “rutina mañanera” dura alrededor de 6 horas.

Y aunque los videos de este influencer no tienen la intención de ser realistas, esta parece ser la tendencia actual de cierta parte de la cultura. La idea parece ser la eficiencia, trabajar a tal punto que puedas considerarte alguien que va camino al éxito.

Pero no es el movimiento lo que nos lleva al propósito—o al éxito—sino el movimiento con dirección.

La ocupación excesiva puede brindarnos una sensación falsa de progreso, de éxito, de propósito; cuando lo que realmente puede estar haciendo es privándonos de esto mismo.

Y obviamente gran parte del problema depende de nuestra definición de éxito, lo cual puede ser material para otro devocional. Pero debemos entender que la ocupación excesiva no es una marca de una persona exitosa, sino puede ser más bien un síntoma de una vida con falta de sabiduría y sabia administración.

Ojo, no estamos hablando del trabajo y otras responsabilidades que requieren nuestra atención; estamos hablando de ocupación excesiva. Es decir, una ocupación que ya no es saludable, que puede dañar nuestra salud física, mental y nuestras relaciones, incluyendo nuestra relación con Dios.

Debemos tener cuidado con la imagen de éxito que el mundo nos vende y filtrarla a través de la imagen de propósito y éxito que la Biblia nos enseña.

Jesús dijo:

Mateo 11:28-30 (N.T.Viviente). Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana».

En los tiempos de Jesús, la fuente del cansancio era la enorme carga moral y religiosa que los fariseos y escribas imponían a la gente. Y en ocasiones las cargas que la misma gente decide cargar.

¿Cómo sabes si estás cayendo en la trampa de la ocupación excesiva? ¿Es tu relación con tu trabajo/actividades una manera de buscar controlar en lugar de ejercer confianza en Dios? ¿Cómo eliges tus prioridades y qué lugar tiene Dios realmente en tu vida?

Si no puedes detectar los síntomas con tiempo, el indicador más obvio de la ocupación excesiva será el cansancio físico y del alma; además de que tus relaciones van a sufrir, y muy probablemente tu relación con Dios ya no sea ese fuego avivado como al principio; sino más bien como una vela que humea, a punto de apagarse.

Así que si descubres que estás cargado y cansado, escucha la voz de Jesús.

“Vengan a mí todos los que estén cansados y cargados…” Venir a Jesús implica dejar lo que estás haciendo, cambiar de ritmo, cambiar de dirección.

“Pónganse mi yugo…” El yugo era el instrumento de madera que se colocaba entre dos animales de carga para que ambos pudieran estar coordinados, caminar juntos y jalar juntos. Ponernos en yugo de Jesús no solo implica compartir las cargas, sino recorrer el camino que él nos guía a recorrer. Cambio de ritmo y cambio de dirección.

“Déjenme enseñarles…” Necesitamos que nuestra mente sea transformada, especialmente si el mundo ya nos ha programado a su imagen. Necesitamos ser enseñables.

“Porque yo soy humilde y tierno de corazón…” El mundo no es ni humilde, ni tierno de corazón. La película “El lobo de Wall Street” nos ofrece una imagen de cómo es el mundo de los negocios en el corazón de Nueva York, y en lo que uno necesita convertirse para prosperar en ese mundo.

A diferencia del mundo, Jesús es un Señor (amo, dueño) humilde y tierno. Y nos promete que es en él que nuestras almas—no solo nuestros cuerpos—hallarán descanso. Otra cosa que el mundo no considera es precisamente nuestra alma. El yugo de Jesús es fácil de llevar, porque él lo lleva con nosotros, y su carga es liviana; porque no está diseñada para exprimirnos, sino para llevarnos a nuestro propósito y a una relación más profunda con él.

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