“Nada se desperdicia en las manos de Dios.”
Todos anhelamos vivir con propósito. Hay un deseo ardiente en todo corazón de saber que lo que hacemos importa y es parte de un plan. Pero en la vida cotidiana muy pocas cosas se sienten así.
Incluso en la vida cristiana. Rara vez la vida se siente como enfrentarse a un acto heroico donde se nos pide morir por una causa o se nos pide entregar algo valioso en un momento decisivo. Muchas veces podemos sentir que nos perdemos en lo cotidiano, en lo trivial.
¿Alguna vez te has sentido como si solo fueras un engrane dentro de un enorme motor que gira y gira sin sentido?
Lo trivial de la vida puede hacernos sentir que andamos perdidos y sin propósito, pero Dios también se mueve en lo trivial y cotidiano. De hecho, son todos esos momentos en la vida que conforman la mayor parte de ella al final. ¿Estás rindiéndole a Dios incluso esos momentos?
1 Samuel 17:32-37 (N.T.Viviente). No te preocupes por este filisteo —le dijo David a Saúl. ¡Yo iré a pelear contra él! ¡No seas ridículo! —respondió Saúl. ¡No hay forma de que tú puedas pelear contra ese filisteo y ganarle! Eres tan sólo un muchacho, y él ha sido un hombre de guerra desde su juventud. Pero David insistió: He estado cuidando las ovejas y las cabras de mi padre. Cuando un león o un oso vienen para robar un cordero del rebaño, yo lo persigo con un palo y rescato el cordero de su boca. Si el animal me ataca, lo tomo de la quijada y lo golpeo hasta matarlo. Lo he hecho con leones y con osos, y lo haré también con este filisteo pagano, ¡porque ha desafiado a los ejércitos del Dios viviente! ¡El mismo SEÑOR que me rescató de las garras del león y del oso me rescatará de este filisteo! Así que Saúl por fin accedió: Está bien, adelante. ¡Y que el SEÑOR esté contigo!
Por ser el hijo menor de su familia, David tenía la tarea de cuidar el rebaño de su padre. Era sin duda uno de los trabajos más monótono, trivial y repetitivo. Sin embargo, fue en este tiempo, en este trabajo donde Dios prepararía a David para lo que venía más adelante.
Cuando llegamos a esa escena heroica que millones conocemos, de David enfrentándose a Goliat; él había comprendido que Dios lo había preparado para ese momento. David sabía que, así como Dios había estado con él antes, estaría con él ahora.
Las experiencias de su vida cotidiana ahora alimentaban la fe de David, Dios había desarrollado su fuerza, su valentía y su habilidad con la honda (su arma preferida) en su trabajo como pastor. No solo eso, todo el tiempo que David había pasado en el campo, cantándole a sus ovejas, lo prepararían para ser uno de los mejores salmistas. Y al darle un trabajo como el cuidar ovejas, Dios lo estaba preparando para ser el pastor y futuro rey de su pueblo Israel. Pero todo esto comenzó en lo trivial y cotidiano.
Nada se desperdicia en las manos de Dios. Ni siquiera lo trivial y mundano (lo que pareciera no ser espiritual). Nada rendido a Dios será jamás desperdiciado.
¿Qué habilidades tienes oportunidad de desarrollar en este tiempo? ¿Con qué aspectos de tu carácter está Dios trabajando más? ¿Qué puedes agradecerle a Dios de esta temporada de tu vida?
1 Corintios 10:31 (N.T.Viviente). Así que, sea que coman o beban o cualquier otra cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios.
Escapa de la frustración de lo mundano, rescata una perspectiva más saludable de lo trivial; hazlo dedicando cada día para la gloria de Dios. Recuerda que la vida no siempre se va a sentir como una página en la historia de una epopeya, pero no somos llamados a vivir por sentimientos. Vive por fe, no por vista; creyendo que un día vivido para lo gloria de Dios nunca será desperdiciado.
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