He llegado a un punto en mi vida y mi ministerio en el que le pregunto a Dios: Señor, ¿En qué momento me vas a llevar por un camino que yo conozca? ¿En qué momento me vas a pedir que haga algo que de verdad siento que puedo hacer? ¿Cuándo voy a poder decirle adiós a esa sensación de sentirme perdido todo el tiempo?
La Navidad nos enseña que Dios obra de manera misteriosa, incomprensible para nuestra mente humana. El Señor trabaja a través de la fe, la obediencia y la dependencia total en él. Es por eso por lo que Dios rara vez nos llevará por caminos conocidos, porque esos senderos frecuentados por muchos no requieren de fe ni de obediencia. No hay atajos para la voluntad de Dios.
Aquí comparto algunos consejos prácticos contigo
1. Espera dificultades
Salmos 142:1-2. Clamo al SEÑOR; ruego la misericordia del SEÑOR.Expongo mis quejas delante de él y le cuento todos mis problemas.
Tim Keller dice algo como esto: Si no estás esperando sufrimiento, vas a sufrir doblemente: Vas a sufrir el dolor de la adversidad que estás experimentando, y vas a sufrir porque estás sufriendo.
Si vas a un hotel que se anuncia como un hotel con habitaciones de 5 estrellas, pero al llegar te das cuenta que los cuartos son pequeños, sucios e incómodos, vas a decepcionarte grandemente. Pero si vas a un hotel, y el empleado te explica que están remodelando y que hay algunas cosas que necesitan mejorarse, cuando veas el cuarto el impacto no va a ser tan grande como en el primer ejemplo.
Es bien irónico que el nacimiento de Jesús en Belén, profetizado cientos de años atrás, a simple vista parece caótico, improvisado y problemático, ¿realmente Dios planeó todo esto? ¿Puedes imaginarte todo lo que José y María pudieron haber pensado? No hay padres que desearían tener a su primer hijo en el peor hospital de la ciudad, mucho menos en un establo.
El nacimiento humilde y “problemático” de Jesús, el hecho de que no se encontrara lugar para que naciera el creador del mundo, era una ilustración de la condición del mundo al cual Jesús vino a salvar.
De esta misma manera, el siervo de Dios experimenta las dificultades asociadas a las personas y al lugar al que Dios nos llamó a ministrar.
2. Dios es tu refugio
Salmos 142:5. Entonces oro a ti, oh SEÑOR y digo: «Tú eres mi lugar de refugio. En verdad, eres todo lo que quiero en la vida.
Hacer la voluntad de Dios no es fácil. La voluntad de Dios siempre se encuentra de frente con el orgullo de nuestra carne, la resistencia al cambio del pueblo de Dios y la oposición del enemigo. Hay muchas maneras en las que los siervos de Dios experimentan esta lucha al caminar en su voluntad.
Dios te ama. El ministerio no es tu identidad, ni la medida del amor de Dios por ti. Una de las maneras en las que Dios nos hace fuertes es produciendo debilidad en nosotros, porque de esa manera acudimos a él en busca de refugio.
Salmos 142:3-4. Cuando me siento agobiado, sólo tú sabes qué camino debo tomar. Vaya adonde vaya, mis enemigos me han tendido trampas.Busco a alguien que venga a ayudarme, ¡pero a nadie se le ocurre hacerlo! Nadie me ayudará; a nadie le importa un bledo lo que me pasa.
Hay muchos momentos en que el ministerio se siente muy solitario. Por razones únicas al ministerio en distintos momentos podemos sentirnos que estamos luchando solos, que a nadie le interesa la causa por la cual servimos a Cristo, podemos sentirnos incomprendidos, abandonados, desechados y rechazados.
La Navidad nos recuerda que nuestro Señor comprende exactamente cómo nos sentimos porque él experimentó lo mismo. Tenemos en Jesús un refugio firme, un consolador que sabe perfectamente lo que es ser realmente rechazado, abandonado, traicionado, malentendido y odiado incluso.
Aun cuando nos sintamos más solos, el Señor siempre está ahí. Nunca estamos realmente solos.
3. Protege tu corazón con oración
Salmos 141:2-3. Acepta como incienso la oración que te ofrezco, y mis manos levantadas, como una ofrenda vespertina.Toma control de lo que digo, oh SEÑOR, y guarda mis labios.
Somos humanos y nuestra carne puedo tomar ocasión de nuestros momentos más difíciles. ¿Qué pensamientos brotaron en tu mente la última vez que no te sentiste apoyado? ¿Qué fue lo que pensaste la última vez que escuchaste una crítica o queja de algún hermano? ¿Con qué pensamientos luchaste la última vez que el ministerio se tornó complicado y doloroso?
Las adversidades revelan lo que hay en nuestro corazón y el carácter que Jesús aún está transformando. Recientemente he tenido que cuidar mi corazón del resentimiento, de la tristeza, del cansancio físico y mental.
He aprendido que la diferencia entre una emoción fuera de control y una emoción en control es a dónde llevamos nuestras quejas. Es por eso que el salmista dice:
Salmos 142:2. Expongo mis quejas delante de él y le cuento todos mis problemas.
4. Aférrate a la esperanza
Salmos 146:5. Pero felices son los que tienen como ayudador al Dios de Israel, los que han puesto su esperanza en el SEÑOR su Dios.
Bienaventurados aquellos que pueden ver aquello que todavía no es como si fuera. Aquellos que ven a un grupo de personas descarriadas y pueden ver una Iglesia creciente y apasionada por Cristo. Aquellos que observan un pueblo dominado por la pobreza y el pecado y pueden ver vidas siendo liberadas del pecado y familias restauradas por el evangelio. Aquellos que ven un campo árido y pueden verlo hacia el futuro listo para la cosecha.
Qué difícil es ver más allá de las dificultades del presente, los problemas frente a nuestros ojos y nuestras propias debilidades o carencias. Pero la Navidad nos recuerda que aunque a nuestros ojos todo parezca un caos, Dios está obrando su perfecto plan.
Pablo nos dice:
1 Corintios 1:25. Ese plan «ridículo» de Dios es más sabio que el más sabio de los planes humanos, y la debilidad de Dios es más fuerte que la mayor fuerza humana.
Gloria a Dios cuando nos sentimos débiles, porque Dios nos usará para avergonzar a los fuertes. Gloria a Dios cuando nuestras decisiones son llamadas tontas a los ojos del mundo, porque Dios nos usará para avergonzar a los sabios. Gloria a Dios cuando nos sentimos pobres, porque Dios nos usará para avergonzar a los ricos.
Como pastor, como hombre, como Néstor; mi carne desea que otros me vean como alguien fuerte, como alguien en control, y especialmente como alguien sabio. Pero muchas veces me encuentro que Dios me pone en situaciones donde ninguna de mis herramientas funciona, mis fuerzas no alcanzan y mi sabiduría es volteada de cabeza. Gloria a Dios, porque de esa manera él destruye mi orgullo y me anima con amor a confiar en él, en su plan.
Sigamos adelante, no claudiquemos, con la mirada puesta en Jesús; sabiendo que estamos sembrando una cosecha que quizás no veremos, pero con el gozo de saber que estamos haciendo aquello para lo que fuimos llamados.
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