Todos tenemos alguna anécdota de nuestra experiencia haciendo trabajos en equipo en la escuela. Todos tuvimos que batallar con personas que no hacían su parte del trabajo. Quizás tú eres una de esas personas que ahora dicen “prefiero hacerlo todo yo solo, no importa que sea más trabajo”. Eso funciona para algunas cosas, pero no es lo más sabio. Tampoco es el modelo que Jesús nos enseñó.
En la Biblia no solo encontramos maneras de delegar, sino razones por las cuales hacerlo. Analizar algunas de estas razones podría ayudarnos a cambiar nuestra perspectiva en cuanto a compartir la carga de las tareas.
Hay muchas razones para compartir el trabajo con otros, aquí tienes 5 razones de por qué delegar…
1. Porque no podemos hacerlo todo.
Antes de que me digas “yo sí puedo y lo he hecho”, estoy seguro que así ha sido; pero no es sabio. Esto es lo que Jetro le aconsejó a su yerno Moisés, cuando vio cómo él solo se encargaba de atender los asuntos y conflictos de todo el pueblo hebreo:
Éxodo 18:17-18. ¡No está bien lo que haces! —exclamó el suegro de Moisés. Así acabarás agotado y también se agotará el pueblo. Esta tarea es una carga demasiado pesada para una sola persona.
Al no compartir la carga del trabajo Moisés no solo estaba siendo irresponsable con su salud, sino que tampoco era lo mejor para el pueblo. Se estaban malgastando energía y tiempo.
Fallar en delegar no solo va a desgastar nuestro cuerpo, sino que tampoco estaríamos ofreciendo lo mejor a las personas que deseamos servir. Necesitamos ser humildes, reconocer nuestros límites y compartir la carga con otros.
2. Porque no somos eternos
Disculpen el título de este punto, pero es cierto. Pueden pasar muchas cosas en el trabajo o ministerio: algún cambio de residencia, de posición, una enfermedad, vacaciones o que el Señor nos llame a su presencia. En algún momento va a ser necesario que otro tome nuestro lugar.
Deuteronomio 31:1-3. Cuando Moisés terminó de dar esas instrucciones a todo el pueblo de Israel, dijo: «Ya tengo ciento veinte años y no puedo seguir guiándote. El SEÑOR me dijo: “No cruzarás el río Jordán”. Sin embargo, el SEÑOR tu Dios sí cruzará delante de ti. Él destruirá a las naciones que viven allí, y tú tomarás posesión de esa tierra. Josué te guiará para cruzar el río, tal como el SEÑOR prometió.
Para el momento en que Josué toma el lugar de Moisés, él ya está listo. Durante mucho tiempo Josué fue siervo de Moisés, aprendió de él y compartió la carga del ministerio fielmente.
Ayudemos a los que vienen detrás de nosotros a comenzar bien. Dejemos que nos acompañen en nuestro trabajo. Y cuando sea el momento, pasemos la estafeta.
3. Para que la obra crezca
Rehusarnos a delegar es impedir que la obra crezca. Tristemente hay líderes que son tan inseguros que no quieren que nadie más crezca, desean ser los únicos, les gusta ser necesitados. Esta actitud estorba el avance del reino. Pablo le dijo al joven pastor Timoteo:
2 Timoteo 2:2. Me has oído enseñar verdades, que han sido confirmadas por muchos testigos confiables. Ahora enseña estas verdades a otras personas dignas de confianza que estén capacitadas para transmitirlas a otros.
En este corto versículo vemos la multiplicación en cuatro generaciones:
- Me has oído (Pablo) – 1ra generación
- Ahora enseña (Timoteo) 2da generación
- A otras personas dignas 3ra generación
- Para transmitirlas a otros 4ta generación
Delegar es asegurar que la obra siga creciendo. Delegar es multiplicarnos en otros.
4. Para evitar caer en el orgullo
Como lo mencioné en el punto anterior, rehusarnos a delegar puede ser una evidencia de orgullo. Cuando delegamos estamos intencionalmente compartiendo el trabajo y el resultado.
El que trabaja solo tiene los reflectores para sí mismo, pero el que delega comparte los reflectores.
1 Samuel 18:6-8. Cuando el ejército de Israel regresaba triunfante después que David mató al filisteo, mujeres de todas las ciudades de Israel salieron para recibir al rey Saúl. Cantaron y danzaron de alegría con panderetas y címbalos. Este era su canto: «Saúl mató a sus miles, ¡y David, a sus diez miles!». Esto hizo que Saúl se enojara mucho. «¿Qué es esto? —dijo. Le dan crédito a David por diez miles y a mí sólo por miles. ¡Sólo falta que lo hagan su rey!».
Asumo que estamos de acuerdo que la gloria siempre debe ser para Dios, pero tú me entiendes a qué me refiero. Delegar nos ayuda a combatir el orgullo en nuestro corazón.
5. Porque completar la tarea no es lo único que importa
Sí, hay muchas cosas que podríamos hacer solos. Pero así como cuando tu hijo o sobrino te dice “puedo acompañarte a la tienda”, aunque puedieras pensar “es que si voy solo puedo regresar más rápido”; sabes que no se trata solo de ir a la tienda. Es una oportunidad para pasar tiempo juntos, enseñarle a cruzar la calle, etc.
Hechos 4:13. Los miembros del Concilio quedaron asombrados cuando vieron el valor de Pedro y de Juan, porque veían que eran hombres comunes sin ninguna preparación especial en las Escrituras. También los identificaron como hombres que habían estado con Jesús.
Si hay en la historia alguien que podía hacerlo todo solo, ese era Jesús. Pero él no lo hizo así. Jesús escogió a doce hombres para que estuvieran con él.
Hay muchas tareas y trabajos que podemos hacer solos, pero por qué mejor no usarlos como una oportunidad para enseñar, para convivir, para discipular, para preparar a otros.
6. Porque estira tu fe
La razón principal por la cual las personas no delegan es por el miedo a perder el control. Por lo tanto, quien no delega asume que el/ella tiene el control. Lo cual es otra muestra de orgullo.
Isaías 6:1. El año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado en un majestuoso trono, y el borde de su manto llenaba el templo.
Solo Dios tiene el control.
Incluso ante la trágica muerte de un rey, el Señor está sentado en su trono, gobernando. Dios no improvisa, él tiene un plan, y ha estado llevándolo a cabo desde la fundación del mundo.
Delegar es un paso de fe. Es una violenta declaración de confianza en Dios. Al delegar le decimos a Dios “Señor, confío en que has puesto en otros: dones, talentos y capacidades”. Es entregarle a Dios el control.
Debemos ser lo suficientemente sabios para saber cómo, cuando y a quién delegar; y lo suficientemente humildes para hacerlo cuando llegue el momento.
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